No es que esté demasiado a favor de aquello del “ojo por ojo, diente por diente”, pero esta historia es realmente digna de mención.
Un scammer (un estafador, vaya) nigeriano envía uno de sus emails masivos intentando recaudar dinero haciéndose pasar por reverendo. Su misión parece ser ayudar a los más necesitados. Supongo que todos habéis recibido alguna vez un email similar. Pero en este caso, el pobre reverendo Okorie se encontró con la horma de su zapato: una persona con tiempo y ganas suficientes para hacerle pasar algo más que un mal rato.
Así, el Reverendo Okorie recibe una respuesta del Padre Bruce y su supuesta iglesia, en la que muy amablemente le felicita por su trabajo con los pobres y se disculpa por no poder ayudarle económicamente, ya que no pertenece a la parroquia en cuestión. Aún así, le invita a unirse a ella para poder percibir las ayudas, prometiéndole unos 40.000$. El anzuelo funciona y el Reverendo se muestra muy interesado en formar parte de la Iglesia de San Bartolomé.
Pero claro, hay unas condiciones. Y esta Iglesia en cuestión tiene una costumbre muy rara: todos sus miembros llevan un tatuaje real que demuestra su adhesión. El Padre Bruce impone al falso reverendo el tatuaje como condición indispensable para entrar. ¿Y qué hace el reverendo? Se va a una tienda de tatuajes, se lo hace y, tal y como reclama el padre, le manda unas fotografías.


Cualquiera se daría por satisfecho con semejante escarmiento, pero no el Padre Bruce, que está dispuesto a seguir hasta el final. Segunda parte: el reverendo debe enviar su pasaporte para hacer los trámites. Evidentemente el reverendo no existe, así que el scammer se ve obligado a falsificar uno. Y lo hace. Impresionante.

Como Bruce tiene ganas de seguir jugando, introduce a un tercer personaje, al que llama, para más inri, Ali Gee.

Ali se pone en contacto con el reverendo, diciéndole que es un estafador y un hacker, y que tiene controlado el correo de la Iglesia, y le insta a colaborar con él si no quiere que le arruine el negocio. Tras múltiples emails cruzados y varias jugadas, Ali Gee consigue que el reverendo le haga un pasaporte falso de Nigeria. Toma ya.
Finalmente, Ali Gee termina fastidiándole el negocio al estafador, el contable de la Iglesia (tercer personaje), amenaza con avisar a la policía y nuestro falso reverendo desaparece del mapa. Eso sí, con un tatuaje nuevo, dos pasaportes ilegales e incluso un informe médico falso a sus espaldas.
Si tienes paciencia y ganas de reirte, te recomiendo que leas todos los emails. Está en inglés, pero vale la pena.
Web El timador timado.
1 Respuesta a “La genial y triste historia del timador timado”